agua micelar

Agua micelar: cuándo es suficiente y cuándo no

Agua micelar: cuándo es suficiente y cuándo no

El agua micelar conquistó los neceseres por su comodidad: un líquido transparente que parece agua y que, con un algodón, retira el maquillaje y limpia la piel sin necesidad de aclarar. Es práctica y suave, pero alrededor de ella hay cierta confusión sobre cuándo basta y cuándo se queda corta.

Cómo funciona

Su secreto son las micelas, unas diminutas moléculas que actúan como imanes: atrapan la grasa, el maquillaje y la suciedad y los arrastran al pasar el algodón. Por eso limpia sin necesidad de frotar ni de espuma, y resulta ideal para pieles sensibles o para los días en que apetece algo rápido.

Cuándo no es suficiente

Para un maquillaje ligero o como limpieza de mañana, el agua micelar cumple de sobra. Pero con maquillaje resistente al agua, protector solar de alta protección o al final de un día en la ciudad, conviene completar con un limpiador y agua. Dejar sus residuos sobre la piel toda la noche puede, en algunas pieles, resultar irritante.

Usarla bien

  • Algodón empapado: sin frotar, dejando que actúe unos segundos.
  • Como primer paso: de una doble limpieza, no siempre como único.
  • Aclarar si la piel tira: sobre todo las más reactivas.

El agua micelar es una herramienta estupenda, no una solución mágica. Bien entendida, resuelve los días de prisa y arranca la limpieza nocturna, pero conviene saber cuándo la piel pide algo más a fondo. Como casi todo en el cuidado facial, depende del momento y del tipo de piel.