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Caducidad de los cosméticos: qué significa el bote abierto y qué tirar hoy del neceser

Un bote abierto con un «12M», un reloj de arena, un rímel de fecha dudosa. Así se leen los plazos de tus cosméticos y esto es lo que conviene tirar del neceser este otoño.

Caducidad de los cosméticos: qué significa el bote abierto y qué tirar hoy del neceser

Abres el neceser que ha viajado todo el verano, de la toalla a la mochila y de la mochila al maletero, y lo primero que notas es la tapa pegajosa del protector solar. Debajo hay un rímel del que no recuerdas el día en que lo estrenaste, un sérum que antes era transparente y ahora tiene el color de un té flojo, una base que se separa en dos capas y una crema que ya estaba empezada cuando saliste de vacaciones. Octubre es buen momento para vaciarlo todo sobre la mesa: ha pasado el calor, las rutinas vuelven a ser las de diario y todavía no has empezado a comprar lo del invierno. Casi todos esos envases llevan la respuesta impresa, solo que en dos símbolos que mucha gente nunca ha aprendido a leer. Vamos a empezar por ahí.

Caducidad de los cosméticos: el bote abierto y el reloj de arena

La normativa europea de cosméticos, el Reglamento (CE) 1223/2009, que en España supervisa la AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios), obliga a indicar la vida útil del producto de dos maneras distintas. Si el fabricante garantiza menos de 30 meses, el envase debe llevar una fecha de duración mínima, precedida del símbolo del reloj de arena o de la frase «utilícese preferentemente antes del final de», con mes y año o con día, mes y año. Según la AEMPS, esa fecha marca hasta cuándo el producto, bien almacenado, es seguro y mantiene sus propiedades, lo hayas abierto o no. Si la duración supera los 30 meses, la fecha deja de ser obligatoria y en su lugar aparece el PAO (period after opening): un dibujo de un bote abierto con un número de meses dentro o al lado. Ese número es el tiempo que el producto, ya abierto, sigue siendo seguro y conserva sus propiedades. La OCU recuerda que lo habitual es encontrar un PAO de 12 meses y, más raramente, de 9 o de 6.

De ahí sale la trampa del neceser. Un bote con «12M» empieza a envejecer el día que lo abres, no el día que lo compras, y el envase no tiene forma de saber cuándo fue eso. Apunta tú la fecha con un rotulador permanente, en el fondo del tarro o en el lateral del tubo: son diez segundos que te ahorran la duda de «¿esto cuándo lo abrí?» seis meses después.

Un detalle sobre el origen: la FDA estadounidense advierte de que los cosméticos de mercadillo o de reventa por internet pueden estar pasados de fecha, ya usados, diluidos o ser falsificaciones. Si alguna pieza del neceser llegó por ese camino, tírala sin más trámite.

Protector solar: qué dice un laboratorio del bote del verano pasado

La OCU se hizo esta pregunta en 2025 y la llevó a un laboratorio. Tomó ocho protectores, seis de SPF 30 y dos de SPF 50+, y los sometió a un recorrido de estrés: frío a 4 °C para imitar un vuelo, casi dos semanas seguidas a 40 °C retirando producto como se hace en la playa, una semana de irradiación UVB con simulador solar y, por último, más de un año guardados en un sitio fresco a unos 20 °C. Unos 14 meses después de la primera apertura, seis de los ocho mantenían el SPF y la protección UVA que declaraba la etiqueta. Dos habían cambiado a simple vista: en uno parte de la crema estaba completamente seca y en el otro las fases se habían separado. Y aquí está la parte incómoda, porque los dos que fallaron en protección UVB no eran los dos de mal aspecto: uno sí lo era, pero el otro tenía buena pinta y ya no protegía lo que prometía. La conclusión práctica de la OCU es que, si la crema conserva el aspecto, el olor y la consistencia de siempre, puedes gastar lo que te queda del año anterior.

Conviene quedarse con las dos mitades del resultado. Seis de ocho es una buena noticia para un bote que se ha guardado bien, pero dos de ocho es mucho cuando lo que está en juego es tu piel en un día de sol largo, y el ojo no detecta todos los fallos. Mejor opción: para una jornada entera al aire libre, ya sea playa, nieve o una ruta de montaña, usa un bote de esta temporada. El sobrante del año pasado solo merece conservarse si pasa las tres comprobaciones (aspecto, olor, textura) y si lo has protegido del calor, y aun así es una apuesta razonable, no una garantía.

Entre los consejos de almacenaje de la OCU para que un bote aguante, estos:

  • Guárdalo en un lugar fresco y seco, lejos de la luz directa del sol; en la playa, a la sombra.
  • Lávate las manos antes de aplicártelo para que no entre arena en el envase.
  • No lo rellenes en otros recipientes ni le añadas agua u otros ingredientes.
  • No lo dejes en el coche al sol ni en el salpicadero durante el viaje, y ciérralo en cuanto termines de usarlo.

Si al abrirlo huele mal, tiene un aspecto raro o la consistencia ha cambiado, la OCU no deja margen: a la basura.

El rímel y el maquillaje de ojos: el plazo que menos conviene estirar

Con la mirada no se hacen experimentos de caducidad.

La Academia Americana de Oftalmología (AAO) recomienda tirar el maquillaje de ojos a los tres meses y subraya que las bacterias que provocan infecciones crecen con facilidad en los productos cremosos o líquidos. La FDA apunta, por su parte, que los fabricantes suelen aconsejar desechar el rímel entre dos y cuatro meses después de comprarlo, porque el aplicador queda expuesto a bacterias y hongos cada vez que lo usas. En España, Vista Oftalmólogos propone en un artículo divulgativo un margen algo más amplio, seis meses para quien no lleva lentillas y de tres a cuatro para quien sí las usa, y admite que la mayoría de la gente no cambia el tubo hasta que se acaba. Entre dos y seis meses hay mucha distancia, y ninguna cifra es unánime. Lo sensato es quedarse con la parte prudente de la horquilla: tres meses para el rímel y para el maquillaje de ojos cremoso o líquido, y si llevas lentillas, no pases de tres o cuatro. Puedes consultar las recomendaciones completas en la página de la AAO sobre maquillaje de ojos.

Hay tres hábitos que pesan más que el calendario. Si el rímel se ha secado, tíralo: la FDA pide no añadirle agua y, todavía peor, saliva, porque así se introducen bacterias en el producto. No lo compartas con nadie, ni siquiera con familiares o amigas de toda la vida, tal como indica la AAO. Y evita los probadores de tienda, que la FDA considera más propensos a contaminarse que ese mismo producto en tu casa; si de verdad necesitas probar un tono, hazlo con un aplicador nuevo, como un bastoncillo de algodón sin usar.

Si una irritación, un enrojecimiento o una secreción en el ojo aparece mientras usas un maquillaje, la AAO aconseja tirar de inmediato todo el maquillaje de ojos y no volver a usarlo hasta que la infección haya desaparecido, y la FDA añade que lo hables con tu profesional sanitario. Eso incluye, por supuesto, el rímel que llevabas puesto cuando empezaron las molestias.

Sérums, cremas y bases: lo que se estropea sin avisar

La FDA enumera con bastante claridad por qué un cosmético se degrada. Cada vez que metes el dedo en un tarro añades microorganismos que los conservantes tienen que controlar, y con el tiempo esos conservantes pueden perder fuerza y dejar que crezcan bacterias y hongos. La humedad, como la de un baño donde alguien se ducha cada mañana, lo pone todavía más fácil. Las emulsiones, mezclas de agua y aceite, pueden separarse; el calor, el sol y el aire cambian el color y la textura y a veces el olor. Por eso, si usas una crema en tarro, saca el producto con una espátula limpia en lugar de con el dedo, y guarda en un cajón del dormitorio todo lo que no uses a diario, lejos del vapor del baño.

El caso más visible es el de la vitamina C. El Instituto Dermatológico Umbert explica que es muy sensible al aire, la luz y el calor, y que un sérum oxidado puede volverse amarillo oscuro o marrón; en ese estado, añade, probablemente ha perdido efectividad y puede irritar la piel. Evita seguir aplicándolo. Fíjate en una distinción: un sérum que ya era amarillento de fábrica no es lo mismo que uno que ha oscurecido desde que lo abriste, así que compáralo con el color del primer día.

Veinte minutos y una mesa: cómo hacer la revisión

No hace falta una tarde entera. Con una mesa despejada y un rotulador permanente basta, y el orden de trabajo importa más de lo que parece:

  1. Vacía el neceser completo sobre la mesa, con las muestras de perfumería y los botes que llevas meses sin tocar.
  2. Busca primero el reloj de arena o el bote abierto con su número de meses; si no apuntaste cuándo lo abriste, calcula hacia atrás con honestidad.
  3. Huele, mira y toca: color distinto, olor raro, grumos, producto separado en capas.
  4. Empieza por lo que va cerca de los ojos, porque ahí el margen es el más estrecho.
  5. Lo que sobreviva se queda con la fecha escrita encima y se guarda fuera del baño.

Para reponer tienes la farmacia, las perfumerías como Primor, Sephora o Douglas y el pasillo de cosmética de supermercados con marca propia, como Mercadona. En el rímel conviene pensar en el ritmo de uso antes que en el prestigio de la marca: un tubo que vas a terminar en tres meses es mejor compra que uno de perfumería que acabará a medias en el cubo. No merece la pena guardar «por si acaso» lo que ya no pasa las comprobaciones.

La próxima vez que abras un rímel, escribe la fecha de ese día en el propio tubo con el rotulador. En enero, cuando lo tengas en la mano, no tendrás que adivinar nada.