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Cambio de armario: cómo guardar la ropa de verano sin cercos amarillos ni polillas

El cambio de armario de octubre decide cómo vuelve la ropa en primavera: qué lavar y cómo, qué doblar o colgar, por qué la polilla va a por la prenda sucia y un plan para el puente del 12 de octubre.

Cambio de armario: cómo guardar la ropa de verano sin cercos amarillos ni polillas

Pasa casi siempre igual. En mayo bajas la caja del altillo, levantas la tapa y la camiseta blanca de lino que guardaste «limpia» tiene un cerco amarillo en el cuello, mientras que el jersey de lana que dormía al fondo del cajón luce tres agujeros del tamaño de una lenteja. Ninguna de las dos cosas es mala suerte: las dos empezaron el día que metiste la ropa en el armario sin lavarla, pensando que, si no se veía sucia, no lo estaba. Este año el calendario juega a tu favor, porque el lunes 12 de octubre es festivo nacional en toda España según el BOE, y el fin de semana largo del 10 al 12 da para hacer el cambio de armario con calma. Todavía quedaría margen hasta el cambio de hora del domingo 25 de octubre.

Lo que no se ve es lo que se estropea

Una prenda que parece limpia casi nunca lo está. Después de un verano entero, el tejido ha absorbido sudor, restos de desodorante, sal y protector solar, y nada de eso se aprecia al descolgarla de la percha. El problema llega después: durante meses de armario cerrado esos residuos amarillean la fibra, y los cercos que aparecen en primavera cuestan mucho más de quitar que una mancha fresca. El protector solar tiene además su propia trampa, porque según Eucerin los filtros químicos son ligeramente amarillentos y, cuanto más alto es el factor, más filtros lleva la fórmula y más marca puede dejar. Eso no es un argumento para bajar el SPF (la quemadura no se lava y la mancha sí), pero sí para cambiar la forma de lavar. La misma marca señala que el algodón es el tejido más sensible a estas manchas, de modo que las camisetas blancas de verano encabezan la lista. Antes de guardar nada, míralas a contraluz: los cercos de cuello y axilas se distinguen mejor con la luz detrás de la tela.

Con el protector solar conviene, además, resistir el instinto de lavar más caliente «para asegurar». Eucerin recomienda aclarar primero la zona manchada con agua fría y sin detergente, y lavar después a 30 °C con detergente líquido, sin lejía ni detergente en polvo, porque el agua caliente, el agua dura y esos productos pueden intensificar la mancha en lugar de quitarla. El calor tiene su sitio en otro frente: la OCU aconseja lavar a más de 50 °C lo que ya esté infestado de polilla y lo soporte. Cada enemigo, su temperatura. Y sea cual sea la prenda, sécala del todo antes de guardarla, porque la humedad que se encierra en una caja no se evapora sola.

Doblar o colgar: decide el peso

Si la prenda pesa y se estira, se dobla; si tiene estructura, se cuelga.

Un jersey colgado de una percha acaba con dos bultos en los hombros que ninguna plancha quita, porque el propio peso del punto tira de la fibra durante meses. Dóblalo y, si apilas varios, pon abajo el más pesado. Con las prendas de estructura ocurre lo contrario, y la percha tiene que ser ancha, de hombro redondeado, porque las de alambre marcan el tejido.

  • Jerséis, cárdigans y vestidos de punto: doblados.
  • Blazers, abrigos y camisas de vestir: en percha ancha, con espacio entre ellos para que no se arruguen unos contra otros.
  • Encajes y bordados, entre otras prendas frágiles: doblados con papel de seda sin ácido entre las capas, para que ningún hilo se enganche con la prenda de al lado.

Los vestidos delicados, como los de lino, piden un trato aparte. IKEA recomienda dejarlos colgados, dentro de fundas o debajo de abrigos limpios, en perchas de madera o de tela y con papel de muselina entre uno y otro para evitar roces. Si el armario te lo permite, ahórrate la caja: la arruga que pasa meses prensada entre otras prendas no siempre se va con el vapor de la plancha.

Dónde guardarlo y en qué

Mejor opción: dentro de casa. La guía de IKEA para el cambio de armario lo plantea sin rodeos: la ropa se conserva mejor en lugares sin humedad y con temperatura constante, así que conviene evitar el sótano y la buhardilla, que acumulan más humedad que un armario o un hueco bajo la cama. Los contenedores tienen que respirar: cajas de tela, que según IKEA transpiran mejor que las de cartón, o fundas de algodón, y la OCU desaconseja el plástico no transpirable. Eso incluye la bolsa de plástico de la tintorería, que sirve para llevar el abrigo hasta casa y no para pasar el invierno dentro.

Con las bolsas al vacío hay que ser selectivo. Ganan mucho espacio y IKEA las propone para quien anda justo de sitio, pero comprimen la fibra y no le sientan bien a la lana, a las plumas ni a la seda: la prenda sale sin cuerpo y tarda en recuperarlo. Mejor opción: al vacío, lo que da igual (camisetas de algodón, pareos, ropa de playa); en caja de tela o de cartón con la tapa suelta, lo que te importa. Y no dejes nada comprimido durante meses «por si acaso».

Polillas: a quién tienes de verdad en el armario

La polilla que ves revolotear no es la que se come tu jersey. Según la OCU, quienes se alimentan del tejido son las larvas, que digieren la queratina presente en la lana, el cachemir, la seda, el fieltro, el cuero o las plumas, y que normalmente no tocan el algodón ni el poliéster. Tampoco comen cualquier cosa: la ropa usada y sin lavar, con restos de sudor, grasa corporal, pelo o manchas de comida, les resulta especialmente apetecible porque les aporta agua y nutrientes. Les gustan los sitios oscuros, quietos y poco ventilados, de modo que raramente atacan lo que te pones cada semana y sí lo que duerme meses al fondo de un cajón. Cada polilla adulta pone entre 40 y 50 huevos sobre el tejido, y en pocos días nacen las larvas. Por eso el lavado del primer apartado es, a la vez, tu mejor antipolillas, mucho más eficaz que cualquier sobre perfumado.

Sobre los repelentes conviene ser realista. Los arcones y cajones de cedro, por sí solos, rara vez alcanzan una concentración de aceite suficiente para repeler a las polillas, según la OCU; funcionan mejor como complemento, con sobres de cedro, lavanda, menta o citronela en perchas y cajones, que hay que renovar cada dos o tres meses y comprobar que no manchen la tela. Si heredas un armario con bolas de naftalina, evita reutilizarlas: la OCU recuerda que el naftaleno y el paradiclorobenceno están clasificados como cancerígenos y que su uso está prohibido en la Unión Europea desde 2008. No vale la pena correr ese riesgo en casa cuando el lavado y el cedro hacen casi todo el trabajo. Una trampa de feromonas colocada fuera del armario, que atrae a los machos, no resuelve nada por sí sola, pero te avisa de que hay actividad antes de que veas el primer agujero.

Si ya has visto agujeros, hilos de seda o larvas blancas de más de un centímetro, el protocolo que describe la OCU es este:

  1. Primero, aislar las prendas afectadas en bolsas selladas.
  2. Lo que aguante más de 50 °C va a la lavadora; lo delicado, a la tintorería o al congelador durante 24-48 horas, porque el frío extremo mata huevos y larvas.
  3. Después toca el armario: vaciarlo del todo, aspirar zócalos y rincones, limpiar el interior con agua y jabón neutro y tirar enseguida la bolsa de la aspiradora.
  4. Y si pasadas varias semanas siguen apareciendo, una empresa de control de plagas.

Sobre el congelador, las guías no se ponen de acuerdo: la OCU habla de 24 a 48 horas y alguna marca de productos antipolillas alarga el plazo hasta una semana a −18 °C. Si no tienes prisa, dale la semana entera.

Sandalias, bañadores y sombreros

El calzado de verano, según IKEA, suele ser el más delicado: materiales finos, suelas frágiles y poca resistencia a las deformaciones. Antes de guardar las sandalias, límpialas con especial atención a la suela; las de tela y las chanclas pueden ir a la lavadora o lavarse a mano, y el ante y la piel se limpian a mano con un producto específico y siguiendo sus instrucciones. Cada par va en su caja de cartón, o en bolsas de tela si no hay sitio, con papel de periódico dentro para que no se aplasten. Los sombreros de ala ancha se cepillan y se guardan boca abajo en una caja, con papel en la copa para que mantengan la forma. Los bañadores son los grandes olvidados: el cloro, la sal y los restos de crema solar castigan el elastano, así que conviene aclararlos a fondo con agua fría, secarlos a la sombra y guardarlos planos, nunca enrollados ni comprimidos.

Un plan para el fin de semana largo del 12 de octubre

Tres días bastan, aunque no hace falta ocuparlos enteros. El sábado 10 toca vaciar el armario por completo, aspirar rincones y zócalos, limpiar el interior con agua y jabón neutro y dejarlo con las puertas abiertas para que se seque y se ventile. El domingo 11 es el día de la lavadora: por tandas, según la etiqueta de cada prenda, con lo que lleve protector solar en frío y todo secado del todo antes de tocarlo. El lunes 12, festivo, queda lo agradable: doblar, colgar, repartir los sobres de lavanda o cedro, dejar la trampa de feromonas fuera del armario y cerrar las cajas.

Etiqueta cada caja por fuera con lo que lleva dentro. En mayo no vas a acordarte de dónde dejaste el bañador bueno, y abrir cuatro cajas para encontrarlo es la forma más rápida de deshacer el trabajo del fin de semana.