Los pies cargan con todo el peso del cuerpo durante el día y, a cambio, suelen ser la parte que menos cuidamos. Encerrados en calcetines y zapatos, soportan roces, sudor y presión, y solo nos acordamos de ellos cuando aparecen durezas, grietas o molestias. Cuidarlos es más fácil de lo que parece.
La hidratación, también aquí
La piel de la planta y, sobre todo, de los talones tiende a engrosarse y agrietarse cuando se reseca. Aplicar una crema específica, más rica que la del cuerpo y a menudo con urea, mantiene la piel flexible. El mejor momento es por la noche, antes de dormir, para que actúe sin el roce del calzado.
Durezas y talones agrietados
- Lima o piedra pómez: sobre el pie seco o tras el baño, con suavidad.
- Sin pasarse: retirar dureza en exceso hace que vuelva más gruesa.
- Calzado que transpire: previene durezas, hongos y mal olor.
Pequeños gestos saludables
Secar bien entre los dedos después de la ducha evita la humedad que favorece los hongos. Cortar las uñas rectas, sin apurar los lados, previene que se claven. Y un baño de agua templada con sal al final de un día largo alivia el cansancio como pocas cosas. Unos pies cuidados no solo se ven mejor: caminar y estar de pie deja de ser una molestia y vuelve a ser cómodo.