Cuidamos la cara con esmero y, a menudo, olvidamos las manos, que son las que más trabajan y las que primero delatan la edad y el descuido. La piel del dorso es fina y tiene poca grasa, así que se reseca y se mancha con facilidad, sobre todo por el sol y el agua.
Hidratar, la base de todo
El gesto más importante es también el más simple: aplicar crema de manos a menudo, sobre todo después de lavarlas, que es cuando más se resecan. El jabón y el agua caliente arrastran la grasa protectora, y los geles desinfectantes, tan presentes hoy, resecan aún más. Una buena crema con urea o glicerina repara y suaviza.
No olvidar el sol
Las manchas en las manos son, casi siempre, daño solar acumulado. Aplicar protector solar también en el dorso, sobre todo al conducir o pasear, previene esas marcas que tanto envejecen. Es un gesto que pocas personas hacen y que, a la larga, se nota mucho.
Unas uñas sanas
- Limar en una sola dirección: evita que se abran en capas.
- Cuidar las cutículas: empujarlas con suavidad, nunca cortarlas en exceso.
- Nutrir con aceite: un poco de aceite en uñas y contorno las fortalece.
Llevar guantes para las tareas del hogar protege manos y uñas del agua y los productos de limpieza. Unas manos cuidadas no requieren manicuras caras ni mucho tiempo: bastan crema, protección solar y unos pequeños hábitos constantes para mantenerlas suaves y con buen aspecto.