Los labios no tienen glándulas sebáceas ni la misma protección que el resto de la piel, así que son de los primeros en resentirse cuando llega el frío o falta hidratación. Tirantez, descamación y pequeñas grietas son la consecuencia, y muchas veces las empeoramos sin darnos cuenta.
Hábitos que los resecan
Humedecerse los labios con la lengua parece aliviar, pero la saliva se evapora y se los lleva más resecos todavía. Morder o arrancar las pielecillas abre heridas. Y respirar por la boca, frecuente en invierno o con un resfriado, acelera la pérdida de agua. A todo ello se suma el aire seco de la calefacción.
Qué los repara de verdad
Busca bálsamos con ingredientes oclusivos y nutritivos, que sellan y reparan. Evita los que dan sensación de frescor intenso o sabor, porque suelen contener mentol o alcohol que irritan más.
- Manteca de karité y cera: protegen y retienen la humedad.
- Lanolina y escualano: reparan las grietas profundas.
- SPF en el bálsamo: los labios también se queman.
Un gesto extra
Una exfoliación muy suave una vez por semana, con un poco de azúcar y aceite, retira las pieles muertas y deja los labios listos para absorber el bálsamo. Aplícalo varias veces al día y, sobre todo, por la noche, cuando la piel se repara. Con constancia, los labios agrietados vuelven a estar cómodos en pocos días.