Una manicura en casa bien hecha no tiene nada que envidiar a la del salón, y sale mucho más a cuenta. El secreto no está en tener pulso de artista, sino en seguir un orden y, sobre todo, en no tener prisa. Con un poco de método, el esmalte dura más y las uñas lucen impecables.
La preparación, la mitad del trabajo
Antes de pintar, conviene retirar el esmalte anterior, limar dando forma en una sola dirección y empujar las cutículas con suavidad tras un baño de agua templada. Una uña limada, limpia y desengrasada con un poco de quitaesmalte es la base sobre la que el color se agarra y dura.
Pintar en capas finas
- Base transparente: protege la uña y mejora la adherencia.
- Dos capas finas de color: mejor que una gruesa que tarda en secar.
- Top coat: sella, da brillo y alarga la duración varios días.
Trucos para un acabado profesional
Pasar el pincel por el centro y luego por los lados, y sellar siempre el borde libre de la uña, evita que el esmalte salte por las puntas. Si el color se sale, un bastoncillo con quitaesmalte limpia los bordes. Y la paciencia con el secado es clave: las prisas arruinan la mejor manicura. Dedicar veinte minutos sin interrupciones da un resultado que aguanta toda la semana.