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Maquillaje y cuidado facial low cost vs alta gama: dónde ahorrar y dónde no merece la pena escatimar

Deliplus, Primor y Zara Beauty frente a las firmas de lujo: en qué productos el precio no compra nada distinto y en cuáles sí merece la pena pagar más.

Maquillaje y cuidado facial low cost vs alta gama: dónde ahorrar y dónde no merece la pena escatimar

Estás en el pasillo de Druni con dos botes casi idénticos en la mano: uno de Deliplus cuesta 4,50 €, el de al lado, de una firma francesa con nombre en cursiva dorada, cuesta 42 €. La etiqueta promete lo mismo —«hidratación 24 horas», «piel luminosa»— y tú te preguntas, con razón, si ese salto de precio se traduce en algo real sobre tu piel o si estás pagando por el envase. La respuesta honesta es que depende del producto, y quien te diga que «siempre» o «nunca» merece la pena pagar más te está simplificando algo que no es tan simple.

Por qué el precio no habla de calidad por sí solo

La mayoría de las grandes firmas de perfumería y cosmética —también las de lujo— no fabrican sus propios productos. Los encargan a un puñado de laboratorios de terceros, como Intercos, Cosmint o Fareva, los mismos que también producen líneas para Mercadona, Primor o Druni. Esto significa que, en no pocos casos, una base de maquillaje de 6 € y otra de 45 € comparten fábrica, e incluso ingredientes activos muy similares en la fórmula base. Lo que cambia de verdad entre una gama y otra es el envase, el marketing, la textura sensorial (el famoso «tacto» que se nota al aplicar) y, en algunos casos concretos, la concentración de un ingrediente puntero. No es lo mismo pagar por innovación real que pagar por una campaña con una actriz de Hollywood, y en la práctica, la mayoría de los productos de belleza que compramos cada mes pertenecen al segundo grupo. Aun así, hay categorías donde el precio sí que compra algo tangible: la fijación de un perfume, la resistencia al agua de un rímel testado de verdad en piscina, o la estabilidad de un activo como la vitamina C, que se oxida con facilidad si el envase y la formulación no están bien pensados. Ahí es donde conviene mirar la ficha técnica antes que el logotipo.

Dónde ahorrar sin que se note en el espejo

Hay una lista de productos donde gastar de más es, sencillamente, tirar el dinero. Mejor opción: quédate con la versión económica en estos casos, sin remordimientos, porque la diferencia sobre la piel es mínima o directamente inexistente. Y evita, sobre todo, los sets de brochas de marca cara con «edición limitada» que salen cada Navidad, porque casi siempre son las mismas cerdas sintéticas que las básicas, con un lazo y una caja bonita alrededor.

  • Base de maquillaje de cobertura media para el día a día: la Infalible 24H de L'Oréal Paris (13,99 €) tiene una duración casi idéntica a la Double Wear de Estée Lauder (39,90 €) en pieles normales o secas.
  • Corrector de ojeras: el Camouflage Cream de Deliplus (4 €) cubre igual de bien que muchas versiones de 25 €, porque la clave está en el pigmento, no en la marca.
  • Prebase o primer: casi todos funcionan igual, difuminan el poro y sujetan el maquillaje unas horas, y pagar 30 € por uno de Charlotte Tilbury en vez de 5 € por el de Primor no cambia el resultado en la mayoría de las pieles.
  • Desmaquillante y agua micelar: aquí directamente no hay debate, la de Garnier o la de Deliplus limpian exactamente igual que la de una firma de farmacia a triple de precio.
  • Esponjas y brochas de aplicación básicas, entre otros accesorios similares: las de Primor o las genéricas cumplen perfectamente para difuminar base y corrector, y no vale la pena pagar 25 € por una esponja de silicona premium para conseguir el mismo resultado.

Dónde sí merece la pena invertir

¿Y entonces en qué gastar el dinero que te has ahorrado en la base y el corrector? Aquí la respuesta cambia por completo. El perfume es el ejemplo más claro: un eau de parfum de Byredo o de Jo Malone (entre 120 € y 160 €) usa una concentración de esencia y unas materias primas que ninguna colonia de 8 € puede igualar, y eso se nota en las horas que dura sobre la piel, no solo en el primer chispazo al salir de casa. No vale la pena comprar un perfume genérico esperando que huela «casi igual» que el original ocho horas después, porque no lo hará. Lo mismo pasa con el rímel si tienes las pestañas finas o te falta densidad: la fórmula de un buen rímel de gama alta como el Sumptuous de NARS (28 €) suele incorporar fibras y ceras que las versiones de 6 € no llevan, y ahí sí se ve la diferencia bajo la luz del día. Con el maquillaje de fiesta pasa algo similar: un iluminador líquido de gama alta suele tener una molienda de pigmento más fina, así que el brillo se ve como piel y no como purpurina suelta sobre el pómulo.

Protector solar: el caso que rompe la regla

El protector solar facial es el terreno donde conviene mirar más allá del precio, aunque aquí la trampa va al revés de lo que la gente cree. Marcas de farmacia como ISDIN, La Roche-Posay o Avène tienen fórmulas de SPF 50 con filtros de última generación por 15-18 € el bote, y compiten de tú a tú con protectores de firmas de lujo que cuestan 45 € o más por el mismo factor de protección. Aquí el sobreprecio no compra un filtro solar mejor, compra una textura más sedosa y un empaque más bonito para el neceser. Si tu piel es grasa o tiende al acné, el Anthelios Oil Free de La Roche-Posay (16,50 €) protege exactamente igual que cualquier versión de 50 € y además controla mejor el brillo a mediodía. La versión con color de ISDIN Fusion Water (19,50 €) cumple una función parecida y, de paso, sustituye a la base de maquillaje en los días de playa o de piscina. Lo único en lo que sí merece la pena fijarse, independientemente del precio, es la fecha de caducidad del bote del año pasado: un filtro solar abierto y guardado en el bolso durante todo un verano pierde parte de su eficacia antes de lo que la mayoría de la gente imagina.

Con el retinol, la vitamina C y la niacinamida pasa algo parecido a lo del protector solar: lo que importa es el porcentaje del activo y su forma estabilizada, no la firma que aparece en la etiqueta. The Ordinary lleva años demostrando que un sérum de niacinamida al 10% por 6,50 € puede funcionar igual de bien –o mejor, según qué estudios de formulación mires– que uno de una firma francesa de lujo a 78 €. Eso sí, la niacinamida en concentraciones altas puede irritar si se combina mal con otros ácidos, así que antes de subir la concentración conviene introducirla poco a poco, sea cual sea el precio del bote. Dicho esto, hay firmas de nicho que sí justifican su precio en esta categoría porque invierten de verdad en encapsulación y estabilidad del ingrediente: el sérum de vitamina C de SkinCeuticals (unos 85 €) mantiene el activo estable durante meses gracias a un pH y un envase opaco muy estudiados, algo que muchas versiones económicas no consiguen del todo, y por eso se oxidan y pierden eficacia a las pocas semanas de abrirlas.

Marcas españolas que compiten de tú a tú con el lujo

Deliplus, la marca blanca de Mercadona, ha ganado varios premios de belleza en revistas del sector por productos como su sérum de ácido hialurónico (6 €) o su contorno de ojos con cafeína, comparados directamente con versiones de 40 € o 50 € de otras firmas. Primor, por su parte, ha apostado por marcas propias como Bell o por acuerdos con Flormar, con paletas de sombras que cuestan entre 8 € y 12 € y que muchas maquilladoras profesionales llevan en su kit de trabajo sin avergonzarse. ¡Y se encuentran en cualquier tienda de barrio, sin necesidad de esperar rebajas! Zara Beauty, que lanzó su línea de maquillaje en 2022, también ha sorprendido con labiales de acabado satinado a 12,99 € que aguantan una tarde entera sin necesidad de retoque. Nada de esto significa que las marcas de lujo estén de más: cuando compras una barra de labios de Charlotte Tilbury o un colorete de NARS, en parte también estás pagando por la experiencia de comprarlo, por el diseño del envase que dura años en el tocador y por acabados de color muy concretos que las marcas económicas tardan más en copiar bien.

Cómo decidir en la tienda sin perder media hora

La próxima vez que dudes entre dos versiones del mismo producto, hazte estas preguntas antes de mirar el precio de nuevo:

  1. ¿Es un producto de fórmula (sérum, protector solar, perfume) o de aplicación (base, corrector, prebase)? Si es de aplicación, casi siempre puedes ahorrar.
  2. ¿El activo principal tiene un porcentaje indicado en el envase? Si lo tiene y es alto, compara ese número antes que la marca, y desconfía de cualquier etiqueta que solo hable de sensaciones.
  3. ¿Vas a usarlo a diario durante meses o es algo puntual, como un labial de fiesta? Los productos de uso diario amortizan mejor una inversión alta si de verdad aportan algo distinto, y en cambio un capricho de una sola noche casi nunca lo justifica.

Con esas tres preguntas resueltas, la decisión suele tomarse sola, y el carrito de la compra deja de depender de qué bote tiene mejor diseño en el lineal de Druni o de Primor.