El maquillaje de noche es el momento de jugar: con la luz artificial, los tonos se apagan, así que se puede subir la intensidad sin miedo a parecer recargada. Una cena especial, una fiesta o una celebración piden ese punto extra de dramatismo que de día resultaría excesivo.
Elegir un protagonista
La regla de oro del maquillaje de noche es no cargar todo a la vez. Si los ojos son los protagonistas, con un ahumado o un delineado marcado, los labios piden contención, en un tono nude o suave. Si la apuesta es un labial intenso, rojo o vino, los ojos se mantienen más sobrios. Equilibrar evita el efecto disfraz.
Que aguante toda la noche
- Prebase: en ojos y rostro, para que el maquillaje no se mueva.
- Construir por capas: finas y bien fijadas con polvo.
- Sellar con bruma fijadora: el toque final que da horas de duración.
El acabado que favorece de noche
Un punto de luz en los pómulos y el lagrimal aporta dimensión bajo la luz tenue de un restaurante. El colorete, algo más presente que de día, devuelve vida al rostro. Y conviene llevar en el bolso el labial para retocar tras la cena. El maquillaje de noche no consiste en ponerse más de todo, sino en intensificar con criterio aquello que más realza la mirada o la sonrisa.