Si la vitamina C es la estrella de la luminosidad y el retinol el rey de la antiedad, la niacinamida es el ingrediente que se lleva bien con todos. Una forma de vitamina B3 que apenas da problemas y que resuelve varias inquietudes a la vez, motivo por el que aparece en cada vez más fórmulas.
Un ingrediente todoterreno
Regula la producción de sebo, lo que la hace muy útil en pieles grasas y mixtas que sufren brillos a media tarde. También refuerza la barrera cutánea, ayuda a que los poros se vean menos dilatados y atenúa rojeces y manchas con el uso continuado. Pocos activos abarcan tanto siendo tan amables.
La concentración justa
Entre el 4 y el 5 por ciento se obtienen los beneficios sin riesgo de irritación. Concentraciones muy altas, del 10 por ciento o más, no aportan tanto y sí pueden resultar molestas en pieles reactivas. Más no siempre es mejor: aquí la moderación gana.
Con qué combinarla
- Buenos aliados: ácido hialurónico, retinol y casi cualquier hidratante.
- Momento: mañana, noche o ambas, según necesites.
- Textura: suele venir en sérum ligero, fácil de capas.
Durante un tiempo se dijo que no debía mezclarse con la vitamina C, pero las fórmulas actuales conviven sin problema; si te preocupa, usa una por la mañana y otra por la noche. La niacinamida no busca protagonismo: trabaja en silencio, equilibra la piel y hace que el resto de la rutina luzca mejor.