Pocos accesorios dan tanto juego por tan poco espacio como un pañuelo. Ocupa nada en el bolso, viste un conjunto sencillo, abriga cuando refresca y aporta el toque de color que a veces le falta a un look neutro. Es, además, una pieza que cruza generaciones sin pasar de moda.
Mil formas de un mismo trozo de tela
La versatilidad del pañuelo está en las maneras de llevarlo. Anudado al cuello aporta un aire francés clásico; atado al asa del bolso lo personaliza al instante; recogiendo el pelo en una coleta da un toque retro muy favorecedor. Incluso puede convertirse en cinturón o, los más grandes, en un improvisado top sobre los hombros.
Según el tamaño y el tejido
- Los pequeños de seda: ideales para el cuello y el pelo.
- Los cuadrados grandes: versátiles para hombros y bolso.
- Los fulares de punto: abrigan y estructuran los looks de invierno.
Un detalle de color
El pañuelo es también la forma más fácil de introducir un estampado o un color vivo en un conjunto sobrio, sin arriesgar demasiado. Cerca del rostro, además, ilumina y favorece, igual que lo hace un buen colorete. Tener dos o tres en distintos tonos resuelve incontables looks y demuestra que, a veces, el accesorio más pequeño es el que más dice.