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Pestañas de impacto: máscara, rizador y un par de trucos

Pestañas de impacto: máscara, rizador y un par de trucos

Hay días en los que no apetece maquillarse, pero un solo gesto cambia la cara: unas pestañas curvadas y definidas abren la mirada y dan sensación de descanso. La máscara es uno de los productos más queridos del neceser, y dominarla es más fácil de lo que parece.

El rizador, antes que la máscara

El orden importa. El rizador se usa siempre sobre la pestaña limpia, nunca después de aplicar el producto, porque entonces se quiebran y se pegan al metal. Se aprieta unos segundos en la raíz y, para un efecto más duradero, se repite a media pestaña. El calor de un secador unos segundos sobre el rizador potencia la curva.

Aplicar sin grumos

El truco está en mover el cepillo en zigzag desde la raíz hacia las puntas, que es donde nace el volumen. Dos capas finas lucen mejor que una gruesa cargada de producto. Si se forman grumos, un peine de pestañas los retira antes de que sequen.

Cuidados que se agradecen

  • Retirar bien: con un desmaquillante suave, sin frotar, para no romperlas.
  • Renovar la máscara: cada tres meses, por higiene y textura.
  • Nutrirlas: un poco de aceite de ricino por la noche las fortalece.

Para el día basta una máscara que defina; para la noche, una de volumen. Y si quieres un efecto extra, aplicar un velo de polvos translúcidos entre capas multiplica el grosor. Las pestañas son ese pequeño detalle que, sin más maquillaje, ya hace que la cara parezca arreglada.