En cuanto bajan las temperaturas y se enciende la calefacción, muchas pieles empiezan a tirar, a descamarse y a picar. El invierno es duro con la barrera cutánea: el aire frío de la calle, el seco de los radiadores y las duchas calientes se alían para evaporar el agua de la piel.
Qué le pasa a la piel
La capa más superficial funciona como un muro de ladrillos en el que las células son los ladrillos y los lípidos el cemento. Cuando ese cemento se debilita, el agua se escapa y entran los agresores externos. Por eso la piel seca de invierno no solo está tirante: también se vuelve más sensible y reactiva.
Ingredientes que reparan
Busca fórmulas con ceramidas, que reponen ese cemento; con glicerina y ácido hialurónico, que atraen agua; y con manteca de karité o escualano, que sellan la hidratación. Las texturas en bálsamo o crema densa funcionan mejor ahora que los geles ligeros del verano.
Gestos para el día a día
- Agua templada: las duchas muy calientes empeoran la sequedad.
- Crema sobre piel húmeda: retiene mejor el agua recién aportada.
- Humidificador: compensa el aire seco de la calefacción.
No hace falta cambiar toda la rutina, pero sí adaptarla a la estación: subir un punto la densidad de la crema, no olvidar los labios ni las manos y evitar exfoliar en exceso. La piel seca de invierno se recupera bien cuando se la trata con suavidad y se le devuelve, capa a capa, lo que el frío le quita.