Las puntas abiertas son la señal más visible de un cabello castigado. Aparecen cuando la fibra capilar se desgasta y se divide en su extremo, dejando ese aspecto deshilachado y sin brillo. La mala noticia es que, una vez abiertas, no hay producto que las selle de verdad: solo las tijeras.
Por qué se abren
Las puntas son la parte más vieja del cabello y la que más ha sufrido: lavados, peinados, calor de la plancha, tintes y el simple roce con la ropa. Con el tiempo, la capa protectora externa se erosiona y la fibra se rompe. El cabello largo, seco o muy tratado es el más propenso.
Prevenir es la única cura
- Cortar con regularidad: un repaso cada dos o tres meses evita que suban.
- Hidratar de medios a puntas: mascarillas y acondicionador siempre.
- Proteger del calor: protector térmico antes de la plancha o el secador.
Cuidados del día a día
Secar el pelo con una camiseta de algodón en lugar de frotar con la toalla, desenredar con paciencia desde las puntas hacia arriba y dormir con una trenza suelta reducen la rotura. Los aceites capilares no reparan, pero sí disimulan y dan brillo, aportando algo de protección. La fórmula contra las puntas abiertas es sencilla y constante: hidratar, proteger del calor y aceptar que un pequeño corte periódico es el mejor tratamiento.