Las sombras de ojos asustan a quien empieza, pero detrás de los tutoriales más complejos hay una técnica sencilla que cualquiera puede dominar. La clave para no agobiarse es empezar con poco: una paleta de tonos neutros, dos o tres brochas y la paciencia de difuminar.
Tres sombras, tres funciones
El esquema más básico usa tres tonos. Uno claro, de transición, que se aplica en toda la cuenca para suavizar. Uno medio, que se concentra en el pliegue para dar profundidad. Y uno más oscuro o con brillo, en el centro del párpado, para aportar luz o intensidad según el momento.
La regla de oro: difuminar
La diferencia entre un maquillaje bonito y uno tosco está casi siempre en el difuminado. Con una brocha limpia y movimientos suaves se borran los bordes hasta que los colores se funden sin saltos. Mejor construir la intensidad poco a poco que cargar de golpe.
Trucos para que dure
- Prebase de ojos: fija el color y evita que se acumule en el pliegue.
- Sacudir el exceso: de la brocha antes de aplicar, para no manchar.
- De claro a oscuro: siempre se puede intensificar, aclarar cuesta más.
Para el día, basta un tono mate por toda la cuenca y un poco de máscara. Para la noche, se intensifica el pliegue y se añade brillo. Con una paleta de tonos tierra es casi imposible equivocarse, y son la mejor escuela para coger soltura antes de atreverse con los colores.