Pocos pasos generan tantas dudas como el tónico. Muchas personas lo recuerdan como aquel líquido astringente y con alcohol que dejaba la cara tirante, y no entienden qué pinta en una rutina actual. La buena noticia es que los tónicos de hoy poco tienen que ver con aquellos, y que este paso es opcional pero útil.
Del tónico astringente a la esencia hidratante
Los tónicos clásicos buscaban desengrasar y cerrar poros, y a menudo resecaban. Los actuales, en cambio, son tónicos hidratantes o esencias: fórmulas acuosas que aportan una primera capa de hidratación, calman y preparan la piel para que absorba mejor lo que viene después. El cambio de filosofía es total.
Tónico y esencia, parientes cercanos
La frontera entre ambos es difusa. En general, la esencia es algo más concentrada en activos y de textura ligeramente más densa, mientras que el tónico es más fluido. Ambos se aplican tras la limpieza, con las manos o un algodón, y antes del sérum y la crema.
¿Es imprescindible?
- No es obligatorio: una buena rutina funciona sin este paso.
- Suma en pieles secas: esa capa extra de agua se agradece.
- Evita los que llevan alcohol: sobre todo si tu piel es sensible.
En definitiva, el tónico ya no es ese paso temido de antaño, sino un extra de hidratación y confort para quien lo quiera. Si tu piel está bien sin él, no lo necesitas; si buscas un plus de jugosidad, una buena esencia puede marcar la diferencia. Como siempre, manda tu tipo de piel.