Durante años pareció que había que elegir entre ir cómoda o ir elegante, como si unos pies sanos y un buen acabado fueran incompatibles. Por suerte, esa falsa disyuntiva se ha roto: hoy existe calzado que cuida los pies y, a la vez, viste. Solo hay que saber elegirlo.
La comodidad empieza en el ajuste
Un zapato bonito que aprieta acaba en el fondo del armario. Antes que el diseño, importa que la horma respete el pie, que haya espacio para los dedos y una sujeción firme en el talón. Probarse el calzado al final del día, cuando el pie está algo más hinchado, evita sorpresas.
Apuestas seguras
- Bailarinas y mocasines: el clásico cómodo que viste el día a día.
- Botines de tacón bajo y ancho: estables y elegantes.
- Zapatillas minimalistas: en blanco o tonos neutros, combinan con todo.
Cuando hay que ir de tacón
Si una ocasión pide tacón, los anchos y de altura media reparten mejor el peso que los finos y altos. Las plantillas de gel y alternar los días que se llevan también ayudan a que los pies no sufran. Invertir en un buen calzado, hecho con materiales que transpiran, es invertir en salud: los pies sostienen el cuerpo entero, y maltratarlos se paga caro con el tiempo.